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Movimientos improvisados (3)

octubre 5, 2009

Y allá va el tres… 😛

Romero se despertó con un ligero dolor de cabeza y con demasiada luz en su cuarto.
Pero no estaba en su cuarto, o sí, vamos, concretamente estaba en su nuevo cuarto, en el piso que ahora compartía con Salva, Tatiana y Ale.
Aunque, desde luego, no debería haberse dormido con la persiana subida, la ropa puesta, y sentado en la cama.
Con un inenarrable dolor, se levantó como pudo y, perdiendo el equilibrio, a punto estuvo de golpearse con la puerta cerrada.
La abrió y se asomó al pasillo. Salva estaba frente a la puerta del cuarto de baño, vestido con un bóxer de rallas y una camiseta que en otro tiempo pudiera haber sido gris, pero que ahora se encontraba en un punto perdido del espectro cromático, entre el blanco y el beige. Llevaba el pelo recogido en una desmadrada coleta y miraba a la puerta por encima de las gafas de sol.
– Salva – llamó Romero sin levantar mucho la voz.
– Buenos d… ¿Por qué te has vestido tanto?
– Me dormí así.
– Habrás sudado de lo lindo…
– ¿Qué estás haciendo? ¿Quién hay dentro?
– No sé si hay alguien. ¿Sabes? Ayer no caí. Bueno, no caímos ninguno, así que tampoco es mi culpa. Pero dejamos en claro todos los puntos urgentes de la convivencia excepto los Protocolos del Tigre.
– “Los Protocolos del Tigre”…
– Sí, porque, a ver, yo, de siempre, tengo la puerta del tigre abierta cuando no hay nadie dentro, pero, claro, eso yo, pero, ¿y si dentro hay alguien? Imagina que está Tatiana. ¡No puedo entrar así como así! Me rebanaría el pescuezo. La veo capaz. La acabo de conocer, pero la veo capaz.
– ¿Y Ale?
– No, Ale no. Ale está dormido cual marmota. Y tú no eres, así que sería Tatiana.
– Suponiendo que haya alguien.
– Como comprenderás, no voy a meter las narices dentro del cuarto de Tatiana para comprobar si está.
– Porque te rebanaría el pescuezo.
– La veo capaz.
– ¿Y por qué no llamas?
– ¿¡Llamar!? ¿Estás loco? – exclamó Salva gritando en voz baja -. No puedo hacer eso.
– ¿Por qué no?
– Porque no hay confianza… Y no puedo llamar y… Imagina que está ahí al otro lado de la puerta haciendo… bueno… ya sabes…
– Mientras nosotros hablamos.
– Exacto. Y no puedo llamar y… bueno… eso… cortarle el… la… eso. Sería incómodo. ¡Y no quiero convivir con alguien que se siente incómodo porque le corté el… eso.
– Estás loco.
– Llama tú.
– ¡Ni de coña!
– Anda, ¿qué te cuesta?
– ¿Tú te estás meando?
– Como una perra.
– Entonces sólo nos queda esperar.
– ¿Esperar a qué? ¡Es una chica! ¡Puede estar ahí dentro durante horas! He tenido novias, sé como son.
– ¡Pero si ni siquiera sabes si está dentro!
– Entonces tendremos que esperar.
– ¡Es lo que te acabo de decir! ¡Pero ni sabía a qué me refiero!
– Tengo un plan – dijo Salva mientras, con un gesto, pedía silencio a Romero -. Rápido, vamos al salón.
Salva y Romero se dirigieron al salón, quedándose en el pasillo, sin perder de vista la puerta del baño.
Entonces, surgiendo desde su cuarto, vieron a Ale con cara somnolienta.
– ¡Holaaaa! – saludaron Salva y Romero al unísono, con su sonrisa más falsa.
Ale señaló la puerta del lavabo.
– ¿Váis a entrar alguno?
– No, no, entra si quieres.
Ale abrió la puerta, entró y la cerró detrás de sí.
– ¡Mierda! – exclamó Salva -. ¡Sabía que no había nadie!
– ¿Sabes, Salva? Eres un tío raro. Pero raro raro de cojones.
– Gracias.
– Creo que la convivencia va a ser, cuando menos, interesante.
– Sí, opino que a alguien le interesará que así sea.
– Emmm… este… vale…
– ¡Perdona! – oyeron la voz de Tatiana desde la puerta del servicio.
La chica se les quedó mirando con cara de rebanar pescuezos.
– ¡Podríais haber avisado, ¿no?!
– Perdona, no te vimos.
– ¡Llevas gafas de sol!
– Y una resaca del 15…
Romero rió por lo bajo.
– Sí… Interesante… Yo también lo espero.

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8 comentarios

  1. Es bueno, aunque con la última parte me he perdido un poco…


  2. ah no era la única, pensé que el catarro y la resaca me afectaban de más 😛


  3. Jo, ¿qué no habéis entendido…? 😛


  4. Uy, este Salva… Curioso personaje que puede dar mucha caña…

    Aunque supongo que todo el mundo se está esperando que Salva sorprenda con algo y por eso mismo resultaría más chocante que la sorpresa la diera uno de los otros compañeros, lo dejo caer ;p


  5. “¡Perdona! – oyeron la voz de Tatiana desde la puerta del servicio.”pos lo que te dije que no si estaba en el baño, en el limbo o que xD torpe que es una. Que sepas que estoy leyéndote desde el feedreader, hola mama!! salgo en feedreader!no me deja darle al intro el maldito.Gracias por pasarmelo!


    • 😆
      Claro, desde la puerta, pero desde fuera.
      Mientras Romero y Salva hablaban, Tatiana se levantó y fue al baño, abrió la puerta y dentro estaba Ale, por eso le pide perdón…


  6. Pues a mi también me sirvió la aclaración sobre el baño…

    De momento la historia me parece sumamente divertida. El hecho de saber que ni el autor tiene claro a donde va, la hace aún más divertida. Por alguna extraña razón, en mi cabeza me imagino todo como anime, tipo Ranma 1/2. Y eso que ni siquiera vi la serie.

    La otra historia, que por accidente, curiosidad y tiempo laboral libre también leí, no me interesó tanto 😛

    El ritmo que tienes en los diálogos me parece sanamente envidiable 😀



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