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Re(la)to 005: Éxito

septiembre 12, 2011

Todo estaba listo.

En la base en Tierra, los medios se encontraban especialmente excitados, tras el intenso seguimiento de los últimos meses, llenando horas y horas sobre las posibilidades del proyecto, repitiendo y resumiendo todo lo dicho desde que se hiciera público el Proyecto Saturno.

En la base en Luna, en cambio, el ambiente era mucho más silencioso. Sin embargo, el sonido de los aparatos, y de alguna ocasional transmisión, era incapaz de diluir la gran tensión que se respiraba.

– Aquí el Comandante Jameson – se escuchó a través de los altavoces -. Todo listo.

La nave flotaba a 300 kilómetros de la Base Luna, transmitiendo los avances del calmado piloto de nervios de acero que estaba llamado a ser el primer viajero del tiempo.

Durante los meses que Jameson se preparó física y mentalmente para su elevado destino, no vivió del todo ajeno al revuelo que se originó en el mundo exterior. Desde protestas de comunidades religiosas a manifestaciones de grupos conspiranoicos, nadie parecía querer quedarse al margen del evento que, sin duda, cambiaría la historia de la Humanidad.

– Recibido, Comandante – se escuchó a través de los transmisores -. Sesenta segundos para el salto.

Sobre la mesa en la que estaban reunidos los expertos del proyecto, autoridades militares y peces gordos del gobierno, la tensión era una losa de plomo sobre cada uno de los allí reunidos. Fuera un éxito o un fracaso, el auténtico problema residía en el hecho de que no se tenía claro qué pasaría.

La experiencia en el campo era totalmente nula, las pruebas, imposibles de realizar en otras circunstancias, el resultado, en cualquier caso, una incógnita.

Dos tampones de tinta esperaban el veredicto para estampar su sello sobre el informe final. Una de ellas, esperando en el centro de la mesa, tenía un invertido “Éxito” esperando a ser pintado sobre el informe final del proyecto. El otro, con el “Fracaso” espejado, yacía silencioso, a la sombra, fuera de la vista de todos, como sabiendo que muy mal tendría que ir la cosa para que estampase su condena sobre el papel.

– 30 segundos, comandante.

– Recibido.

Medio minuto para que la nave comenzara a moverse lentamente, fuera cogiendo velocidad hasta, si no sucumbía ante la presión, la gravedad o, simplemente, se volitizaba, alcanzar velocidades superiores a la luz.

A partir de ahí, con suerte, todo era simple teoría. Teorías, más bien, pues los científicos involucrados en el proyecto no eran capaces de formular una que no fuera rebatida por sus colegas.

Pero nada de eso preocupaba a Jameson. Él sólo quería la gloria.

– 15 segundos.

– Recibido.

15 segundos en el pasado era, precisamente, el tiempo al que viajaría Jameson. Si el gasto y el riesgo era tremendo para un viaje a 5 segundos, pensar en más de 15 era, sencillamente, impensable.

Pero eso era lo menos importante. Lo que verdaderamente llevaría al Proyecto Saturno a la gloria sería llevar a cabo el primer viaje en el tiempo. Un pequeño paso, como el primer vuelo de los hermanos Wright, que llegaba a su culmen en ese momento.

– 10 segundos, 9… 8… 7… 6… 5… 4… 3… 2… 1… Adelante.

Los motores de la nave Saturno empezaron a desplazar al vehículo lentamente.

El público en ambas salas, los medios de prensa, ocho mil millones de personas atentas a sus televisiones, ordenadores y dispositivos móviles al que sin duda sería un momento cumbre en la historia.

Y, de repente, el desastre.

Ante la mirada incrédula de ocho mil millones de espantados rostros, una masa de metal apareció de la nada, estrellándose contra la popa de la nave Saturno.

Los primeros gritos se ahogaron instantáneamente bajo la pesada losa del silencio…

Dos meses después se dio por concluida la investigación del accidente. Dos meses de pedir cabezas a los responsables, teorías, discusiones, lamentos y promesas de que volvería a intentarse. Dos meses duros.

El mundo fue testigo de cómo el cadáver de Jameson era rescatado… Dos veces. Dos Jamesons, dos naves Saturno. Una paradoja, y muchas horas de estudio por delante.

“Debieron haberlo previsto”, decían algunos. “¿Cómo podrían imaginar algo así?”, contestaban otros. Pero lo único cierto es que, una vez sucedido, todo se veía más predecible, más lógico, más estúpida la idea.

Sobre la mesa de todos los jefes de estado involucrados en el Proyecto Saturno, se recibió una copia del informe final sobre el Saturno 1.

Todos tenían estampados el mismo mensaje con tampón de caucho.

“Éxito”.

Pues ea, ahí va el quinto re(la)to. En esta ocasión ha sido Álvaro, dibujante de las cositas que le escribe mi amigo Dani de Castro, que me pidió, textualmente, putos viajes en el puto tiempo.

En un rato pediré tema para el nuevo, ¡¡así que atentos al tuiter!!

One comment

  1. Pues mira que hay que se “bobo” para viajar al mismo lugar en el que se estuvo en el pasado…



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