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Re(la)to 014 – El crimen perfecto.

agosto 23, 2014

Los demás chavales de su clase no hablaban de otra cosa.

“Yo lo he visto”, decía Sergio. “Empieza a la una de la noche o más tarde”, aseguraba. “Y se ve de todo.”

Los demás escuchaban a Sergio fascinados.

“Unas tías buenísimas”, decía. “En pelotas, de todas clases, haciendo de todo, cosas que no sabía que se podían hacer. Con tíos o con otras tías.”

Todo aquello sonaba como lo más fascinante para una panda de mocosos de la edad de Sergio y sus compinches.

Por supuesto, la experiencia adquirida tras encender la tele de su cuarto durante esa noche de insomnio preadolescente y sintonizar uno de los nuevos canales locales, convirtió a Sergio automáticamente en la persona que más conocía el sexo entre sus compinches.

Era, inevitablemente, un héroe.

Todos querían ser como él, ser depositarios de su sabiduría y de la admiración que recibía.

Pero no Danielillo.

Él sólo quería ver eso tan fascinante que Sergio juraba haber visto, y más en ese momento en el que lo que pasaba bajo las ropas de sus compañeras de clase empezaba a ser más interesante que nunca, más misterioso, más decisivo, en su aún corta existencia.

Por eso, aquella fue la semana más larga en la vida de Danielillo. Se le hicieron interminables los días hasta la llegada del fin de semana, donde llevaría a cabo la primera parte de su plan.

Por eso, tuvo tiempo más que suficiente para pulir cada una de las aristas de su intriga casera.

En primer lugar, se aseguró de tener una cinta virgen preparada. Una de 240, por lo que pudiera pasar.

En segundo lugar, bajaría a leer un libro mientras su familia veía la tele la noche del siguiente sábado.

Asutamente, dejaría el libro despistado en el sofá mientras todos subían a prepararse para dormir.

Educadamente, dejaría que el resto de su familia pasara antes que él por el baño, de modo que fuera el último en irse a la cama.

Entonces se “daría cuenta” de que se dejó el libro abajo en el salón, por lo que tendría que bajar para seguir leyendo esperando al sueño.

Aprovecharía entonces para programar el vídeo, tarea para la cual se había preparado a conciencia durante cada rato que tuvo disponible, y lo hizo lo más rápido que pudo, llegando incluso a tener que sintonizar él el canal por su cuenta.

Entonces, esperaba, durante la noche, el vídeo se conectaría para grabar ese teatro de lujuria que Sergio, bastardo afortunado con tele propia en su cuarto, aseguraba que se emitía.

El despertador bajo su almohada le despertaría antes que a nadie, dándole tiempo a bajar, rescatar la cinta y, en silencio, regresar a su cuarto escaleras arriba y esconder la cinta en su habitación a la espera del momento de poder disfrutar de tan lúbrico espectáculo.

La primera parte de su plan, la más difícil, fue concluida a la mañana del domingo, y durante varios días la ansiedad creció en su pecho mientras esperaba a la tarde del miércoles, en la que se quedaría solo en casa durante horas suficientes para poder gozar de su captura.

Y llegó el momento.

Y si bien fue cierto que aquella tarde Danielillo aprendió muchas cosas que eran prácticamente inimaginables, también era verdad que se quedó bastante decepcionado por la total ausencia de esas mujeres que con tanta emoción describía el cabrón de Sergio…

Hutopo pidió “porno gay”. A ver qué le parece esto…

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