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El beso del fantasma. Capítulo 4

julio 18, 2017

¡Hola otra vez!
Pues la cosa es esta. El crowdfunding sigue andando, aunque algo paradito, así que me he decidido a subir un cuarto capítulo, a ver si así la cosa se va animando un poco.
Ahora sí que necesito sacarlo adelante, ya que la Editorial Círculo Rojo me ofrece su apoyo y plataforma para la distribución de
El beso del fantasma, ¡pero para eso tenemos que conseguir el objetivo de 1600 euros!
¡Y, por si acaso, los tres primeros capítulos podéis encontrarlos a partir de aquí!

“¿Qué haces…?”
Nunca me disgustó vestir de traje.
En serio. A mucha gente le resulta chocante conociendo mis tendencias, mi música, y cómo suelo vestir. Después de todo, ¿a cuántos guitarras rítmicos de un grupo heavy que acaba de terminar el instituto se les ve con traje y corbata?
Pues a mí tampoco… pero eso no significa que no me gustara.
Y no, no creo que hubiera sido esta la manera en la que hubiera elegido pasar el resto de la eternidad, o lo que sea que me quede aquí…
Pero así es: pasaré el resto de los tiempos con un traje negro, camisa gris perla y corbata también negra… y unas Converse de las de toda la vida.
Lo mejor es que, a pesar de cómo quedé tras salir del coche, todo parezca como nuevo… incluido lo que iba dentro del traje…
Pero bueno, supongo que no te interesa oírme hablar de estilo… así que vamos a lo que vamos.
Llegó un momento en el que estaba más que aceptado que estaba muerto, y, créeme, pocas cosas hay mejor que la muerte para agudizar el humor negro… pero, al mismo tiempo, no hay nada peor para… bueno… para todo lo demás.
Digamos que todo es, al menos al principio, como un sueño, aunque tal vez se deba a que eso de dormir y soñar se acabó. Pero así es… todo es confuso, y, aún así, lo aceptas… como si nada…
¿Y la gente? La gente viva, vamos…
Joder… son como emisores de luz… de calor…
Bueno, la luz no la ves… pero la notas, te sientes atraído por ella… el calor sí lo sientes. Quieres tocarles para aliviar tu frío… pero no lo haces… no preguntes por qué, pero no lo haces…
Es como un miedo.
Bueno, los demás como yo, no sé… en una semana o así no había visto a nadie más como yo… no sé si es que no había, o que no podía verlos…
Y créeme… eso no es necesariamente bueno… ¿Te imaginas la sensación de soledad?
No te preocupes, algún día la sentirás…
¿Ves lo que te digo del humor negro?
No sabía qué debía hacer, ni a dónde podía ir…
Por supuesto, me sentía atado a algunos lugares… mi casa, la plaza donde quedaba con los amigos, el cuarto de mi… vamos, de Ana, la librería de mis padres, el local de ensayo… pero no me sentía demasiado a gusto en ninguno de esos sitios por mucho tiempo, por varias razones… Sobre todo en el local, que casi siempre estaba vacío… salvo tal vez Ricardo, sentado a la batería sin tocar, sólo mirando al vacío…
Es como… no sé… ¿sabes la sensación que se tiene cuando vas a un sitio en el que lo has pasado tan bien, pero que alguien que relacionas con ese lugar ha muerto, y estar allí ya nunca será lo mismo?
Pues igual, pero el que ha muerto eres tú, así que es como si todos los demás que tuvieran algo que ver con eso hubieran muerto.
Vamos, que no es agradable, aunque está claro que otra cosa no se puede hacer.
Masoquismo de muerto, vamos…
Como te cuento, se volvía insoportable a cada momento que pasaba. Al menos, si tuviera esperanza, me quedaría la cosa de que todo mejoraría en algún momento. Pero es difícil tener esperanza cuando ves que todo se ha acabado, ¿no crees?
En seguida dejas de responder cuando oyes tu nombre. Al principio, vagando por las calles, escuchaba a alguien gritar “¡David!” u, “¡Oye!”, o cualquier cosa, e, instintivamente, me giraba, como cualquier otro, aunque sabía que no iba por mí. Ahora ya ni eso…
Supongo… bueno, creo que está bastante claro, que la alienación es parte del paquete…
Y no, no es nada agradable…
Yo siempre fui una persona muy sociable. Me encantaba estar rodeado de amigos, y nunca tuve dificultad para conocer gente…
Tal vez la soledad sea el mayor castigo que pueda recibir por mis pecados. Pero, ¿qué pecados? Nunca le hice mal a nadie intencionadamente, que yo sepa. Nunca me metí en broncas, nunca traté mal a nadie, siempre fui respetuoso y educado… No creo que Dios me haya castigado por no haber ido a misa y esas cosas… aunque, después de esto, tengo más claro que eso de Dios no me lo creo. Al menos, no más que en el Ratoncito Pérez. Al menos, los Reyes Magos y Papá Noel tienen base histórica, ¿no?
Pero bueno, supongo que me estoy yendo un poco por las ramas…
Pero es que, sinceramente, da un poco de asco ver la vida, por llamarla de alguna manera, que llevo… lo comprendes, ¿verdad?

¡Pues hasta aquí el cuarto capítulo!
¡Si queréis seguir leyendo, ya sabéis lo que toca! =D

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