Archive for the ‘Movimientos improvisados’ Category

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Movimientos improvisados (Especial Big Culo Day 2011)

febrero 15, 2011

“Esta vida no puede ser buena…”
¿Alguna vez has tenido a una cuadrilla de albañiles levantando la acera que tienes por cráneo?
Pues imagina esa sensación multiplicada por quince, y súmale un paseo de Godzilla haciendo lo que más le gusta hacer cuando pasea por la ciudad.
Eso era lo que sentía Salva cuando, tras la comida (china, claro), intentaba descansar, ocupando la totalidad del sofá.
Y eso por no hablar de lo que tenía en el estómago…
Ale y Romero no están. O al menos no se les escucha.
Pero Tatiana sí.
“Tatiana no es humana. Es una dimituna diosa vikinga capaz de beberse un río de alcohol como quien se toma una manzanilla.
La escucho en el pasillo. Dios, no sabe cómo le agradezco que esté limpiando, pero, si sólo pudiera hacer menos ruido…”
Salvi se aventura a abrir un ojo. Y la luz se le clava en todo el alma.
Godzilla sigue por ahí, pero, aparte, se han unido a la fiesta Mazinger Z y un par de engendros mecánicos.
Salva busca sobre la mesa sus gafas de sol. Las encuentra, y casi las destroza al dejar caer sobre ellas todo el peso de su mano. Se gira un poco, intentando ponerse bocarriba, y se coloca las gafas, con lo que el dolor en sus ojos se suaviza hasta, poco a poco, ir desapareciendo, a la vez que empieza a ver.
Y es entonces cuando lo ve.
Es Tatiana, de pie a menos de dos metros de él, con su reproductor mp3 puesto mientras tararea con un suavecito hilo de voz, limpiando el polvo de las estanterías.
Y, benditos sean los cielos, nunca antes la había visto desde ese ángulo.
Vestida con una vieja camiseta negra y unos pantaloncitos grises, atraía como un péndulo, sin ser consciente de ello, la idiotizada mirada de Salva, que seguía el hipnótico contoneo de sus caderas con la vista perdida en indecentes reflexiones.
Izquierda… derecha…
Izquierda… derecha…
La mente enajenada de Salva, abandonada al oleaje de la resaca, no podía dejar de imaginar qué ocultarían esos ridículamente cortos pantaloncitos.
¿Unas braguitas de encaje negro? ¿Un ínfimo tanga? ¿O unas bragas de cuello vuelto?
“No… creo que te pega más un tanga. Mmm… Tengo que pedirme hacer la colada un día…”
Pero, ¿y debajo de esa última capa de tela?
“Mmm… no tienes mal culo, punkita… Redondito, firme, sí, tiene pinta de ser suavecito, blandito. ¿O durito? No sé… creo que no me decido. Pero, ¡oye!, no estaría mal comprobarlo. Quién pudiera estirar la mano y darle un cachetito… Sí, decidido, tiene el culo durito. No, blandito, blandito… O no. No sé. ¡Da igual, joder! Y qué caderitas… mira, ahora así de lado, pues qué buen ángulo que me da. Bonita tripita también. Y ese ombliguito…”
– ¡Salva! – exclama Tatiana.
Godzilla, Mazinger y los demás caen fulminados por un cometa.
– ¿Eh?
– ¿Me estabas mirando el culo?
“¿Se está riendo o no? ¡Rápido, dile algo!”
– ¿Ehh…? No, no, no, estaba dormido.
Salva se quita las gafas.
– ¿¡Qué pasa, que no tengo buen culo o qué!?
“¡Qué cabrona!”
– ¡Qué cabrona!
Tatiana le tira el trapo a Salva a la cara mientras se ríe.
– ¡Anda, levántate y ayúdame a limpiar o algo!
Salva se derrite sobre el sofá, pensando en mandarla un rato a la mierda.
Ahora mismo, Salva es un desecho humano, un despojo, el último peldaño de la escala evolutiva.
– ¡Venga, me pido la colada!

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Movimientos improvisados (11)

mayo 28, 2010

¡Dio, qué de tiempo…!
En fin… no os entretengo más. ¿Os acordáis dónde lo dejamos…?

Como una forma de vida quejumbrosa y decadente, Ale reptaba por la pared del pasillo hacia el salón.
“Hola”, intentó articular.
– Hrmreemm… – saludó.
– Mmmmnos días – respondió Romero, derramado sobre una de las dos butacas que flanqueaban el gastado sofá, sobre el que yacía bocarriba Salva, la cabeza emparedada entre dos de los cojines.
Salva hizo un intento de levantar, a modo de saludo la mano que caía sobre el suelo, pero no llegó a subir más que unos centímetros antes de caer sobre la alfombra de motivos persas.
– ¿Qué tal has dormido? – preguntó Romero, cuyos ojos no podían decidir si tenían que estar abiertos o cerrados.
– Fatal – respondió, conteniendo un gas -. He dormido peor que en toda mi vida – bostezó, lleno de dolor.
– Qué me vas a contar – dijo Romero -. Tengo la impresión de haber pasado la noche en un cacharro de feria.
– A mí me ha dado la impresión de que más que la noche he pasado semanas en la cama.
– Para ser justos, son casi las seis de la tarde.
– ¿Habéis comido?
En ese momento, Salva saltó como por resorte, acosado por unas náuseas que casi hacen que la alfombra abandonara la casa y sus vidas.
– Ni lo menciones – añadió cogiendo el cojín que cayó al suelo -. Me he acabado el pollo al limón. Y a lo mejor no fue buena idea.
– ¿Qué pasó anoche? – preguntó Ale.
– ¿Aparte de que doblamos el PIB de Bélgica? – replicó Salva, adoptando una posición fetal, dando la espalda a sus compañeros.
– ¿A qué te refieres?
– Tengo recuerdos confusos.
– Intentaste ligar con una de las amigas de Tatiana – respondió Salva con un hilo de voz.
– ¿¡Qué dices!?
– Eso no es del todo exacto – intervino Romero -. Intentaste ligar con una, y luego, con la otra.
– ¡¿En serio?!
– No.
– Cabrones…
– En cualquier caso, bebimos demasiado – dijo Romero.
– Qué haríamos sin ti… – se quejó Salva.
– ¿Y cómo hemos llegado? – preguntó Ale -. Porque me niego a pensar que condujo él – señalando a Salva.
– Nos condujo un Ángel – murmuró el aludido.
– ¿Tatiana?
– Queremos pensar que sí.
– ¿Sigue en la cama? – preguntó Ale.
– Nosotros no la hemos visto – contestó Romero -. ¿Verdad?
– No me suena – murmuró Salva -. Y con el carácter que gasta, casi que prefiero no verla hasta que haya descansado lo suficiente.
– ¿¡Qué carácter me gasto!? – exclamó Tatiana desde la puerta, haciendo que sus tres compañeros lanzaran un quejido sincronizado.
– Buenos días – saludó Romero, apretándose la frente con una enorme mano.
– Me gustaría desearos lo mismo – respondió Tatiana con una sonrisa -, pero no creo que el sarcasmo os siente bien.
– Lo que sea – contestó Salva -, pero en voz baja… Ahora mismo tengo a los Mastodon en concierto entre oreja y oreja.
– ¿Nos trajiste tú, entonces? – preguntó Ale.
– Claro. No pensaba permitir que ese condujera – respondió ella, señalando a Salva, que respondió con un sonoro ronquido.
– Pensaba que tú también te tomaste lo tuyo – comentó Romero.
– Más que vosotros tres juntos, posiblemente – respondió Tatiana -. Y llevo despierta y serena desde las doce. Muy tranquila, por cierto, leyendo en mi cuarto, mientras oía algún quejido o una ruidosa visita al cuarto de baño. En fin. Salgo a dar una vuelta. Mientras vuelvo, id pensando si os compensa beber tanto sin estar acostumbrados, ¿eh, Ale? – añadió, saliendo con un portazo, secundado por un coro de quejidos.
– Es toda una vikinga – sentenció Salva entre sus cojines -. Una pequeña valkiria de pelo negro.
– ¿Por qué me ha dicho lo de estar acostumbrado? – preguntó Ale.
– Porque no lo estás – respondió Romero.
– Sí que lo estoy.
– No es verdad.
– Vale. No es verdad. Creo que volveré a la cama y no saldré hasta el jueves.
– ¿No empezáis mañana el curso? – preguntó Salva.
– Mierda…

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Movimientos improvisados (10)

abril 11, 2010

Tatiana y yo entramos por la puerta del Caldero. Nos quedamos en la entrada unos segundos.
¿Son las Red Aunts eso que suenan?
Oh… ¿Qué es ese asqueroso aroma que embarga mis sentidos…? Hmmm… Tabaco… Incienso de dioses… Cómo lo echo de menos…
Me relajo, meto las manos en los bolsillos y respiro profundo, tratando de inhalar todo el humo que pueda.
Mierda, necesito un cigarro.
Veo que Tatiana me mira. Sonrío para disimular. No quiero que piense que soy débil.
Me dice que vamos para la barra. Avanza y yo la sigo.
Bonito culo.
Observo el interior del Caldero. Está diferente desde la última vez que lo visité. La decoración ha cambiado. Nuevos posters, banderas, carátulas de viejos discos, presumiblemente imprimidas y pegadas sobre cartón.
Veo que entran Romero y Ale. El primero, con su cantosísima camisa hawaiiana, parece dispuesto a comerse el mundo. El segundo no parece tan seguro de sí mismo.
Cerca de la barra, cuando Ale y Romero me alcanzan, Tatiana se cruza con dos amigas. Se alegran mucho de verse. ¿Esta es la misma Tatiana borde que vive conmigo? ¡Que me la cambien! Tatiana nos presenta. No escucho el nombre de ninguna de ellas. Una creo que se llama Julia. La otra ni idea. Me ha sonado a mote más que a nombre.
¡Hey! Tatiana va a invitar a beber. Qué majATCHÚS!!
Mierda, inoportuno estornudo.
A ver si tengo un pañuelo.
¿Eh? Tatiana me detiene la mano. ¿Habrá pensado que…? Vaya, será mejor que invite a la siguiente. Aprovecho que se gira para, rápidamente, sacar el moquero y sonarme en una fracción de segundo.
Me tiende la cerveza y sonrío.
Hmm… qué rica.
La chica cuyo nombre no escuché empieza a hablar conmigo. Preguntas de cortesía para romper el hielo, ya se sabe. Entiendo que no es de la ciudad, pero estudia aquí. Toca la guitarra en el grupo de Tatiana, y entiendo que la otra toca la batería y canta. Maravilloso.
Es mona. Pelito castaño por los hombros, ojos negros y una carita muy mona. Y de cuerpo no está malota.
Se me van los ojos para el escote. Nada mal, aunque la otra chica las tiene más grandes. Y Tatiana… así así. Bebo para disimular y me concentro en otro punto.
Veo que Tatiana nos mira en silencio con su cerveza.
¿Que a qué me dedico? Trabajo de reportero para el Provincia. Sí, escribo y tomo fotos. Repito la misma tontería de dos trabajos y un sueldo que anoche. A ella también le gusta la fotografía. Muy bien. Tiene la cámara. No, no tengo foto con mis nuevos compañeros de piso, qué cosas.
Mientras los Ramones hacen su aparición en los altavoces, propone que nos hagamos una. Lo comenta al resto y todos están de acuerdo.
Tatiana se coloca entre Ale y yo, y Romero detrás.
La chica con la cámara grita algo para hacerse oír.
¿Que digamos qué? Pa… ¿Pa’qué? Jeje…
– ¡Teta!

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Movimientos improvisados (9)

abril 10, 2010

Pues bueno, dado el fanart que Hutopo me mandó el otro día, me he visto en la obligación moral de seguir con esta cosa…
Que sí, que ya, que ya me vale y todo eso… ¡pero eh! Que he estado muy liado, leñe… 😛
En fin… Capítulo 9…

Tras Tatiana y Salva, entramos Romero y yo.
El local es pequeño, y el humo de tabaco destaca, reflejando casi toda la luz, que tampoco es que sea mucha.
Música alta, gente que baila (o algo). Me agobia un poco el humo. Siento la garganta seca.
Romero me da un empujón, me giro y le veo sonriendo, señalando hacia la barra. Salva y Tatiana van para allá.
Avanzo procurando no chocarme con la gente, pero es complicado.
Veo que Tatiana se encuentra con dos amigas. Charlan alegres. Tatiana nos presenta. Julia y Ami. Creo.
Una cerveza aparece frente a mí.
Levanto la mirada y veo a Tatiana que me mira sonriente, asintiendo.
Me da un poco de vergüenza admitirlo frente a mis compañeros, pero, hasta anoche, nunca había probado una cerveza.
Y esta está más fuerte que la de ayer.
Noto la frescura de la bebida descender por mi garganta, y, al mismo tiempo, cómo un sabor amargo inunda mi paladar. Pero está fuerte.
Trago, pero el sabor duro y tostado permanece un buen rato.
Me gusta… Pero presiento que antes de terminar la jarra estaré bastante mareado.
Julia se acerca a Romero y a mí y empieza a charlar. Es muy guapa. Me fijo en ella disimuladamente. No lo puedo evitar. Cuando veo a una chica que me parece guapa, intento retener su imagen, para más tarde, intentar dibujarla. Julia tiene el pelo corto. Más fácil de dibujar. Aunque sé de alguien que discreparía. Y rubia. Unos enormes ojos azules. ¿Azules? Sí, parece que azules. Me gusta su nariz. Respingona. Y unos labios bien carnosos.
Va a ser una gozada dibujarla.
No puedo evitar seguir bajando la mirada y…
Sí, va a ser una gozada dibujarla, pero será mejor que me concentre en sus ojos.
Aunque parece demasiado atenta a Romero. Bueno, él parece que también. Se acerca a ella, tal vez porque no la escucha, tal vez porque le gusta. Seguramente por lo segundo. Me fijo que Romero también la examina visualmente.
Pego otro buche a la jarra. Sin duda, voy a marearme un poco. Pero qué demonios. ¡A disfrutar!
Mientras termino el sorbo, Romero tira de mí. Foto en grupo. Rodeo a Tatiana por los hombros, y noto a Salva y Romero tomar posiciones.
Ami nos apunta con la cámara. Dice algo, pero no la escucho por culpa del jaleo reinante.
Sale un destello por encima de la cámara, es el momento de decir lo que haya que decir…
¿Qué habrá dicho que digamos? Ni idea.
Opto por uno de los clásicos.
– ¡Whisky!

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¡Fanarteado!

abril 8, 2010

Me llena de orgullo y satisfacción anunciarles que…
¡He sido fanarteado!
Como lo leéis. Nuestro comentarista, compañero Habitual (TM) y amigo Necio Hutopo, ha puesto su arte y sus materiales de dibujo a la tarea de realizar un fantástico fanart de nuestra webnovela Movimientos improvisados.
Fanart que, no puedo negar, me ha encantado ^_^
Sin más que añadir, os dejo con tremendo regalo que comparto con vosotros de manera virtual (jeje :P)

Sería absurdo intentar disimular la ilusión que me hace ^_^ Así que nada.
Que estoy que no cago 😛

¡Gracias, Hutopo! ¡Un abrazo!

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Movimientos improvisados (8)

febrero 28, 2010

Tras Tatiana y Salva, entramos Ale y yo.
Nunca he sido muy aficionado al punk, la verdad, así que me planteo desde el principio esta visita al Caldero como una nueva experiencia. Intento que me guste. Y pasarlo bien.
Dios, voy a necesitar una cerveza…
¿Me lo parece o esa canción ha sido cortísima?
Le doy un empujoncito a Ale hacia dentro, mientras veo cómo Salva y Tatiana se acercan a la barra.
Miro a la nuca de Ale con una sonrisa maliciosa. Dinero fácil…
Vaya, sí que son cortas algunas canciones de punk…
Tatiana se cruza con un par de chicas. Muy monas. Se alegran de verse. Alcanzamos a Salva en el momento en que Tatiana realiza las presentaciones.
¿Otra canción ya?
Intento conversar con una de las amigas de Tatiana, pero apenas la escucho parece que con Ale se entiende mejor. Menos mal que, entre canción y canción, hay un segundo de silencio en el que nos enteramos de lo que hablamos.
No puedo evitar mirarla e intentar calcular su tallaje.
No penséis eso de mí. Lo llevo en la sangre. Por la profesión familiar, quiero decir.
Creo que de verdad necesito esa cerveza.
¡Oh, regalo de los cielos! Un cobrizo vaso de medio litro se alza imponente ante mí, coronado de blanca espuma…
Miro a Tatiana, quien me ofrece la cerveza con una sonrisa adorable. Le respondo con otra sonrisa y tomo la ofrenda, acercándomela a los labios y paladeando ese sabor amargo, tostado…
Es fácil entender por qué alguien querría encerrarse toda la vida en una abadía.
Hmm… Ramones. La cosa parece que mejora.
Entonces, la otra chavala, que charla con Salva, nos dice que nos coloquemos los tres con Tatiana. Dejo la cerveza sobre la barra, con una promesa de que sólo serán unos segundos. Como soy el más alto, me coloco tras Tatiana, a la que flanquean los otros dos.
Me sale una sonrisa de dentro del alma, y, al mismo tiempo, los tres gritamos.
– ¡Birra!

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Movimientos improvisados (7)

febrero 14, 2010

La música sonaba alegre cuando entramos al Caldero. Salva entra detrás de mí. Se mete las manos en los bolsillos y mira a su alrededor con una leve sonrisa entre los labios. Respira profundo, sonríe, pero tiene los ojos tristes.
No sé por qué, pero me da un poco de pena. Tal vez este lugar le traiga recuerdos agridulces. Puede que por la chica de pelo rosa. ¿Resultará que Salva tiene su coranzoncito? Tal vez no debería ser tan brusca con él. Está sufriendo aquí porque yo se lo pedí.
Le indico con señas que voy para la barra. Me sigue. En ese momento entran Romero y Ale. El pequeñín parece incómodo, pero trata de disimularlo sonriéndome.
Junto a la barra me cruzo con Julia y Ami. Me abrazan y besan como si no me hubieran visto en años. Se las presento a mis compañeros de piso. Intentan cruzar unas palabras cordiales, pero apenas se hacen escuchar por encima de la música.
Mientras intentan hablar, me giro a la barra, donde Esteban me saluda con la mano. Alzo cuatro dedos de una mano y ya él sabe qué le estoy pidiendo. Cuando las cuatro rubias desfilan sobre la barra, veo que Salva echa mano al bolsillo, le detengo con un gesto, dejando claro que a esta invito yo. Me doy la vuelta y empiezo a repartir las bebidas. Los tres me lo agradecen con una sonrisa.
Son majos. Creo que me alegra vivir con ellos.
La cerveza es un poco amarga, un poco oscura. Más castaña que rubia, bien mirado. Los chicos la saborean.
Romero charla con Ale y Julia, mientras Ami y Salva ríen juntos.
Empieza a sonar una de Ramones. No puedo evitar una sonrisa mientras mis pies siguen el ritmo de la música.
En algún momento, Ami propone que nos hagamos una foto los cuatro. ¿Cómo no había caído antes? Tendríamos que habernos hecho la foto ayer, durante la cena. Pero bueno. Me parece una buena idea y, antes de darme cuenta, tengo a Ale y Salva cada uno a un lado, rodeándome el uno por los hombros, y el otro por la cintura. Detrás de nosotros, Romero rodea los hombros de los otros dos mientras asoma por detrás de mí.
Ami nos dice algo antes de sacar la foto. No la escucho, pero imagino qué es lo que dice.
Cuando el primer destello sale de la cámara, los cuatro gritamos a la vez.
– ¡Patata!