Archive for the ‘Relato’ Category

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Re(la)to 011 – Caminemos juntos un rato.

marzo 14, 2014

Iba caminando al borde de la carretera cuando la vio.

Ella parecía extrañada de ver a otra persona caminando por aquellas carreteras.

-Hola – dijo ella, con una expresión que hacía pensar que le sorprendería más recibir una respuesta de él que si un barco descendiera de entre las nubes cargado de algodón de azúcar.

-Hola – respondió él -. ¿A dónde vas?

-Oh – respondió ella, intentando sobreponerse -, a ningún lado, en verdad.

-¿Paseando?

-Sí, algo así.

-¿Quieres que caminemos juntos un rato? – preguntó él -. Parece que vamos en la misma dirección.

-No, en verdad, voy a esperar aquí.

-Ah, muy bien.

-Puede que te acompañe un poco, es decir… si quieres.

-Claro.

-Aunque… no sé, no es lo habitual.

Él se quedó sorprendido durante unos segundos, y luego echó a andar.

-¿Y a quién esperas?

-Bueno… No lo sé, la verdad.

-Ah – dijo él -. Entiendo -. Mintió.

Pero igualmente caminaron juntos en silencio durante unos minutos.

-Vale – dijo ella de pronto -. Aquí es.

-¿Aquí es qué?

-En esta curva me maté yo.

Y desapareció.

Charlie Draug propuso “autoestopista”, y esto es lo que salió.

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Re(la)to 008: Esta noche cocina ella

septiembre 3, 2012

Esta noche le tocaba a ella hacer la cena.
A su compañero de piso le gustaba la pizza. Así que le prepararía un par de ellas. A él le gustaba comer bastante, y ella no quería que se quedara con hambre.
Le gustaba mucho el tomate, así que no escatimó a la hora de verter la roja salsa sobre la masa cruda. También sabía ella que a él le gustaba el queso, así que ella decidió que su mejor mozzarella se fundiría en el horno esa noche. También sabía de su gusto por la carne picada, así que esa deliciosa y jugosa ternera que ella compró esa misma mañana se uniría a la fiesta. También sabía ella que a él le encantaban las anchoas, así que ella las dispuso cuidadosamente, partiendo como ejes desde el centro de la pizza. Cortó algunas aceitunas verdes y las dispuso estratégicamente, al igual que el atún, sobre la pizza. Porque ella sabía que a él le encantaban. A él también le gustaba el jamón dulce, así que dispuso algunos taquitos sobre la pizza.
Preparó otra mucho más modesta, a ella también le gustaba cargada, pero esa noche la buena sería para él.
Tenía todo lo que a él le gustaba. Mozzarella, atún, jamón dulce, anchoas… Todo eso le gustaba. El matarratas no le gustaba, pero la pizza llevaba igualmente. Otra cosa que le gustaba a él era pegar a las chicas con las que salía. Y ella tenía que esconderse bajo la almohada para no oír los gritos.
Esa noche los gritos se acabarían.
Y a ella le gustaba la idea.

 

¡Wiiii! ¡El octavo! ¡Y sólo fue ayer que hubo otro! Bueno, este tema lo ha aportado Frikitty, nada menos que “Pizzas asesinas”. ¡Vaya ocurrencia! ¡Ceci lo peta! =D

Y bueno, mañana seguramente pida tema nuevo, o si no ya el jueves…

Comentad, que es gratis, puñeta… =D

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Re(la)to 007: Mañana sería su esposa

septiembre 1, 2012

Mañana sería su esposa.
Esta noche se reunía con el resto de las chicas, pero al día siguiente estaría casada, él sería su esposo, y estarían juntos por toda la eternidad.
Cantaron, bailaron, e hicieron algunas cosas que en un estado normal no pasaría por sus cabezas. Pero esa noche era especial.
Era especial porque ella, mañana, sería su esposa.
La música las envolvía, y ellas se entregaban al frenesí. La noche ardía para ellas, y ellas aprovechaban hasta el último rastro de energía para elevarse en esa especie de comunión nocturna.
Perdieron la noción del tiempo. Cantaron, bailaron, perdieron el sentido. Perdieron el pudor. Perdieron algo de ropa.
Y, finalmente, llegó su momento.
Ella estaba más emocionada que nunca. El resto de sus compañeras se colocaron a su alrededor. Alzaron las manos, e invocaron al diablo.
Pronto sería su esposa.

¡Buenas, gentes! Pensabais que ya me había olvidado de esto de los Re(la)tos, ¿no? ¡Pues casi!

En fin, os traigo esta cosita, cuyo tema fue elegido por mi amigo, el gran artista Conrado Martín, que propuso como tema “despedida de soltera medieval”. Sabéis que podéis pedir tema en mi cuenta de tuiter ( @Lograi ), que ya aviso cuándo se abre la veda, y que elijo el primer tema que se proponga… ¡Eso sí, Enti no puede pedir en la próxima!

Saluditos y a disfrutar…

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Mi mundo patas arriba

julio 17, 2012

Hace unos meses, la editorial que me publicó mi novela (sutil, lo sé) se puso en contacto conmigo y con otros autores para que participásemos en una serie de antologías con el tema común de la crisis, ya sea esta económica, social, religiosa, de cualquier tipo.
Las antologías salieron a finales del mes de mayo, y el pasado mes de junio presenté en Cádiz la antología andaluza con J. A. Ortega, autor de la muy recomendable
El reino de las sirenas y, de paso, muy buena gente.
Personalmente, escribí mi relato en una tarde con la inestimable ayuda de un botellín de Judas, y ahora os la traigo para que le echéis un vistazo y así actualizo… ¡Disfrutadlo!

Malos despertares hemos tenido todos.
Pero tan malo como el que estás teniendo, no lo ha tenido nadie antes.
Te despiertas dolorido, tendido en el suelo. Confuso, mareado. Notas el suelo rugoso. No quieres pensar por qué. Tienes arcadas. Temes vomitar, así que tratas de ponerte en pie. No es buena idea. Tampoco resulta productivo.
Intentas moverte, pero los huesos te duelen.
Estiras la mano a un lado, la otra mano, al otro lado. Estás en el pasillo. La casa está en penumbra y tú no recuerdas haber llegado aquí. Hay cosas en el suelo. Se han caído los marcos y se han roto. Notas cristales junto a tus pies descalzos.
La cabeza te va a estallar y el mundo te da vueltas. Finalmente, vomitas. Intentas recordar por qué estás tirado en el suelo del pasillo, pero el más mínimo esfuerzo de tu mente sólo te devuelve dolor y quejidos.
La boca te sabe a suela de zapato y notas la lengua lacia. Anoche volviste a beber demasiado. Siempre bebes demasiado. Maldita sea, sabes que tu vida está en su peor momento cuando no recuerdas qué haces en el suelo del pasillo. Y por qué este tiene un tacto rugoso.
Maldita sea, ¿qué has estado haciendo?

Vuelves a despertar.
Sigues en el suelo. No sabes cuánto has dormido. La cabeza te sigue doliendo horrores. Crees que casi prefieres morir.
Tienes frío. Estás casi desnudo. Tratas de levantarte. Todo tu cuerpo se queja. Tu cabeza trata de acallar los gritos de dolor que envían tus miembros, pero eso es precisamente lo que más te duele.
Buscas el interruptor de la luz. No das con él.
Estiras las manos, recorres la pared. Frenético. Tropiezas con una puerta que no esperabas ahí. Intentas entrar en la habitación, pero tropiezas y caes, haciéndote bastante daño. ¿Qué demonios…?

Vuelves a despertar. La tibia te duele horrores, pero no es lo único. Has caído sobre trozos de algo. No estás seguro de dónde estás, pero la luz que entra por la persiana destrozada te da una idea.
Estás soñando. Una extraña y muy real pesadilla. No tiene otra explicación posible. Es un producto de tu borracha mente. Sólo hay una alternativa, pero es demasiado descabellada, una auténtica locura, es totalmente imposible.
Pero, a primera vista, todo parece indicar que todo de repente está cabeza abajo…

Llevas minutos, horas, no sabes cuánto, sentado en una esquina del techo. Las manos contra la cabeza. Estás loco, no hay otra explicación. ¡No es posible que de buenas a primeras el mundo se dé la vuelta!
Poco a poco, decides levantarte.
A tu alrededor todo es un completo desastre. Los muebles, los electrodomésticos, todo se amontona por el techo. Durante un segundo de lucidez agradeces que te hubiera cogido en el pasillo y no en la cama, pues ahora tu cadáver estaría aplastado bajo el colchón. ¿O acaso no habría sido mejor así?
Finalmente te levantas. Vas caminando por el pasillo, tus pies descalzos recorren el techo hacia tu habitación.
No es hasta que levantas la pierna para cruzar el vano de la puerta, y ves el desastre que hay en tu cuarto, que te acuerdas del resto del mundo. De tu familia, de tus amigos. ¿Estarían en sus casas? ¿Yacerían sus cuerpos bajo montones de muebles?
Buscas mecánicamente unos zapatos mientras te preguntas qué habrá pasado con la gente que estaba fuera de sus casas.
La luz entra por la ventana, las cortinas yacen sobre el techo y la persiana, torcida, está a medio abrir.
Pensaste que vivir en un décimo sería beneficioso para mitigar tu miedo a las alturas, pero no funcionó. Ahora mirar por la ventana te da más miedo que nunca.
Una y otra vez te levantas y te acercas a la ventana, y una y otra vez vuelves a sentarte en tu rincón seguro. Te llevas las manos a la cabeza. Quieres llorar, quieres vomitar, quieres salir de ahí, pero, ¿a dónde?

Duermes. Te despiertas a oscuras. No hay electricidad, y las botellas de licor están destrozadas, mezclando las bebidas y esparciéndolas por el techo.
Apesta.
Pero siempre será mejor que el olor que viene del cuarto de baño.
En ocasiones te preguntas si alguien vendrá en algún momento a ayudar. ¿Pero quién? ¿Los bomberos? ¿El ejército? Quien quiera que haya sobrevivido a esto no va a poder salir de donde quiera que esté. ¡Suerte esperando a Superman!
Tu mundo se ha dado la vuelta. No entiendes gran cosa de física o astronomía o lo que quiera que pueda darte una respuesta a lo que está pasando. Simplemente sabes que es imposible que esto pase. La Tierra no es plana y no puede darse la vuelta como una tostada que se precipita al suelo (la idea, por un momento, hace crecer el terror dentro de ti). Si algo sabes de astronomía es que la Tierra es (más o menos) redonda, y que atrae las cosas, no las repele.
Empiezas a pensar demasiado para lo que quieres creer que es una pesadilla.
¿Y si ahora le ha dado por girar al contrario? ¿Tendría sentido? Empieza a girar al revés, muy rápido, por lo que sea, y se sacude la mierda de encima como un perro mojado que se sacude la lluvia.
Sin saber cómo, estás seguro de que eso no puede pasar.
Tus teorías te distraen por un momento, pero entonces, un estruendo te devuelve a lo que temes que es el mundo real.
Es un crujido colosal, como si el mundo se abriera. Pero no es eso, no.
Es el edificio al otro lado de la calle. Horrorizado, caes en la cuenta de que los edificios han sido diseñados para mantenerse en pie sobre el suelo, no para colgar de él.
Aterrorizado, te acercas a la ventana y te atreves a mirar al otro lado. El edificio sigue prácticamente entero, pero una enorme grieta atraviesa su fachada. Algunos trozos se precipitan contra el cielo nublado, allá abajo. Trozos cada vez más grandes, y, en ocasiones, ¡por Dios!, ves a alguna persona caer…
Te propulsas hacia atrás, tropezando y cayendo contra el techo.

Vuelves a despertar. Pero no te mueves. Permaneces tendido en el techo. Quieres llorar, quieres gritar, pero, sobre todo, quieres despertar. No paras de pensar en cómo habrá afectado esto al resto del mundo.
Imaginas las selvas y las sabanas, con tigres y elefantes que echan a volar hacia el cielo, a los animales que viven en sus cuevas, atrapados como lo estás tú, esperando a morir de hambre, los árboles, colgados hacia el cielo, soltando semillas que no conocerán la tierra, muriendo finalmente, extinguiéndose, los mares y los desiertos, quedándose vacíos, toda esa arena, ese barro y ese agua, precipitándose al espacio.
Tal vez habrías tenido más suerte si te hubiera pillado en un barco o en un avión. Dios, en un avión… Te estremeces al imaginar las terribles turbulencias, y cómo la aeronave estaría buscando un sitio para aterrizar mientras ve cómo se le acaba el combustible…
¿Y los volcanes? ¿Irán vaciándose poco a poco, goteando magma como esas botellas de ketchup cuando se agoten?
En ese momento, el estruendo que esperabas y temías tiene lugar, y ves cómo el edificio frente a ti se agrieta finalmente, partiéndose en dos.
Ves cómo la enorme mole de cemento y ladrillo cae, reventando cañerías mientras escuchas un centenar de gargantas que gritan y lloran hasta que se hunden en el cielo y en tu cerebro…
Por un segundo piensas que el planeta está viviendo la crisis más brutal que podría imaginarse, y tú sólo piensas en el tiempo que le queda a tu edificio hasta que corra la misma suerte que el de enfrente.
Cierto que aquel edificio era más viejo y más masivo que el tuyo, ¿pero acaso eso cambia algo? Sabes que en algún momento tú también caerás, y eso será si no mueres antes de hambre, sed, o alguna infección.
Entonces recuerdas las palabras de una antigua novia, que no compartía en absoluto tu miedo a las alturas.
“No hay que tener miedo a las alturas”, te decía. “En todo caso, hay que tener miedo del suelo”. Y se reía. ¿Qué pensará ahora de aquello? Ahora es de la altura de lo que hay que tener miedo, mientras que el suelo se te antoja totalmente inalcanzable.
Recuerdas lo mucho que, en ocasiones, la echas de menos, mientras piensas si seguirá con vida.
Recuerdas la última vez que la viste. No hubo adiós. No hubo lágrimas. No hubo rencor.
Ella simplemente fue más lista que tú. Y más valiente.
Siempre quiso vivir más allá de la seguridad, quería arriesgarse, aventurarse, conocer cosas nuevas, descubrir lugares y sensaciones, y tú no fuiste capaz de dárselo.
Quería vivir más de lo que tú eras capaz de soñar.
Los dos sabíais que lo vuestro fallaría tarde o temprano. Ella supo verlo venir y quiso ahorraros más dolor. Tal vez hubo amor, pero aquello no fue suficiente.
Seguramente su valor la habría matado ya, pero ella al menos vivió.
Mientras aquello pasó, ella estaría navegando un mar desconocido o trepando la montaña más alta que osó alcanzar.
Seguramente estaría muerta, pero moriría tras haber vivido. Habría sido rápido, sin tiempo a preguntarse qué pasó, sin miedo, sin ansiedad, sin dolor…
Sin remordimiento.
Con una amarga sonrisa, piensas que a ella no la cogerían con vida.
Por un momento piensas en coger el teléfono y llamar a tu familia, pero recuerdas que todos los teléfonos de la casa están destrozados, que no hay electricidad, y seguramente las líneas estarán destruidas.
Apuestas a que los satélites se han ido a tomar por culo.
El fin del mundo. Es lo que debe ser, no queda otra explicación.
Desde luego, no era así como te lo esperabas. Una guerra nuclear, un cometa, que el Sol dijera hasta aquí hemos llegado…
Desde luego, no te lo esperabas así, y, desde luego, esperabas no estar presente, pero así es. Aquí estás, con tu mundo patas arriba, tratando decidir qué hacer, si esperar una muerta lenta y dolorosa, salvo que tu edificio caiga primero o, quizás… que no te cojan con vida.
Pero, de momento, tienes hambre.
Te diriges a la cocina, o a lo que queda de ella. Haces el intento de levantar el frigorífico.
Inútil.
Miras en las alacenas y consigues rescatar una botella de agua y unas galletas.
No será un gran festín, pero al menos hace que tu estómago no te castigue. Así sólo tienes que preocuparte de la pierna y la cabeza.
Coges algo más de ropa. Llevas no sabes cuándo con los calzoncillos y con una camiseta, y está refrescando.
Retiras los restos de la cama de encima del colchón y recuperas algunas sábanas. El colchón es una notable mejora respecto al techo, lo cual, sumado al estrés acumulado, hace que caigas en un profundo sueño…

Despiertas.
Suena el despertador.
Miras a tu alrededor y sueltas una risotada. Tus pies se posan sobre el frío suelo de tu habitación, y sonríes.
Miras el despertador. Las seis y media. Hoy te sientes con más energías que nunca.
Vas al baño, unas el retrete y te das una ducha caliente, a pesar de estar en pleno mes de junio.
Simplemente, te apetecía.
Vas a la cocina, totalmente vestido. Pones a hacerse el café mientras miras por la ventana. Vuelves a tu cuarto, levantas la persiana y miras al edificio de enfrente. La luz del sol empieza a recorrer su fachada. Te sientes estúpidamente tranquilo al ver que sigue ahí, donde lo dejaste la noche anterior.
Abres la ventana, y el fresco aire de la mañana primaveral inunda tu rostro.
Durante un segundo, piensas en esa horrible pesadilla que has tenido hace sólo un rato. Y piensas en la ironía del asunto.
Siempre has vivido en un mundo al revés. Un mundo en el que los listos de la clase recibían insultos de sus compañeros mientras los más brutos recibían sus elogios, donde los buenos chicos estaban solos y los cerdos conseguían a todas las chicas, donde el trabajador pasaba hambre y el vago conseguía el éxito con sólo tener ciertos amigos, influencias, o compañeros de cama, donde el ciudadano tenía miedo de aquel que debía protegerle, donde los gobiernos caminaban hacia el pasado, robando derechos a aquellos a quienes deben su puesto de poder, donde el que robaba fortunas recibía el perdón o incluso era premiado, y cuando su víctima se veía forzado a robar para comer, acababa con sus huesos en la cárcel.
Un mundo donde el peor crimen era soñar por un mundo mejor.
Te acercas más a la ventana, y miras hacia el suelo.
Ahí está. Y ahí va a quedarse.
De repente, ya no te da tanto miedo.
No es que vayas a hacer escalada libre, ¡pero es un progreso!
Por un segundo, piensas que el mundo no está tan mal. Incluso te planteas tomarte el día libre.
Sin pensarlo más, coges el teléfono y marcas el número de la oficina.
– Sí. Hola.
– No, me he levantado fatal.
– Algo que comí ayer.
– Te ahorraré los detalles, pero del estómago es. Ha sido una noche muy larga, y esto va a continuar.
– Claro, no te preocupes. Lo siento.
– Mañana sin falta.
– Claro, claro.
– Adiós.
Mientras vuelves a tu habitación, intentas decidir en qué invertir tu día libre. Sin duda, salir a pasear bajo el sol parece una buena idea.
Pero lo primero es lo primero. Te quitas los zapatos y te tiras en la cama, respiras hondo y cierras los ojos.
Un par de horas más de sueño no pueden hacerte ningún mal.
Pero te equivocas.

Te despiertas. En el colchón. En el techo.
No, no, no, ¡NO!
Te levantas como buenamente puedes. La pierna te duele más que nunca.
Recorres la habitación, esquivando muebles y otra basura, llorando de impotencia.
Pateas un montón de ropa, vuelcas el colchón, golpeas la pared y tiras lo que queda del despertador contra la ventana.
Te tumbas en el colchón y miras al suelo.
Piensas en todos los obstáculos que se te han cruzado a lo largo de tu vida. En todos los problemas, en todas las veces que has pensado en tirar la toalla.
En todas las veces en que venciste a la adversidad.
Pero esto lo supera todo.
Recuerdas tus estudios, el esfuerzo que invertiste desde muy temprana edad para labrarte un futuro con esfuerzo y sacrificio. Recuerdas el equipo del instituto, cómo al principio te rechazaban, cómo finalmente te aceptaron entre ellos, aunque durante semanas calentaste el banquillo, hasta que los primeros minutos en el campo demostraron tu valía. Recuerdas la universidad, cómo una carrera tediosa parecía no tener fin, y la promesa de un trabajo seguro no parecía suficiente. Recuerdas a las mujeres de tu vida, cómo una a una fueron dejándote atrás en su camino en pos de sus sueños y ambiciones, y cómo ninguna de ellas logró romperte el corazón. Recuerdas todos los trabajos que te echaron, todos los motivos que te dieron, todos aquellos que no te dieron motivos, y todas aquellas entrevistas que terminaron con un vacío “ya le llamaremos”. Recuerdas los duros inicios en tu actual trabajo, y cómo finalmente, tras todos esos golpes, sigues de pie, luchando, día tras día.
Pero, esta vez, esto lo supera a todo.
Te acercas a la ventana.
La abres, y respiras profundamente, inundando tu pecho con el fresco aire primaveral.
Amanece. Ves el sol aparecer por el horizonte. Nunca te preocupaste por saber si eso era el este o el oeste, y ahora, de pronto, sientes una gran curiosidad.
De todas formas, antes los edificios te obstaculizaban la vista.
Ahora no hay edificios.
No hay nada, sólo una extraña calma.
No sabes cuánto durará. No sabes qué pasará a partir de ahora.
Sólo sabes que el miedo es un lujo que no tiene sentido ahora.
Y piensas en ella. Ella no tuvo miedo nunca, y tú ahora sabes qué se siente cuando todo te da igual. Cuando sabes que es el fin, pero no sientes desesperación alguna.
Lo has aceptado.
Y, mientras apoyas un pie en el marco de la ventana, te preguntas qué pasará a partir de ahora con el mundo.
Pero no te importa. Sólo sabes una cosa.
Que no te cogerán con vida…

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Re(la)to 006: El túnel del amor

septiembre 20, 2011

In a screaming ring of faces I seen her standing in the light
She had a ticket for the races just like me she was a victim of the night
I put a hand upon the lever said let it rock and let it roll
I had the one arm bandit fever there was an arrow through my heart and my soul
(Dire Straits – Tunnel of Love)

Él era un chaval con los ojos puestos en el momento, el corazón sediento de experiencias y la cabeza rebosando sueños.
Ella era una chica nacida para sonreír, con la mirada curiosa de un pajarillo, hambre de vida y prisa por descubrir lo que el mundo le tenía que ofrecer.
Se conocieron en una alegre avenida del parque de atracciones, por casualidad. Una mirada y una sonrisa fue más que suficiente. El saludo fue mera formalidad. Ambos sabían en ese momento que abandonarían a sus respectivas pandillas para desaparecer entre la luz y la música.
Ella le invitó a algodón de azúcar, y él le regaló el primer peluche que ganó en las escopetas. Corrieron de atracción en atracción, evitando a sus amigos en las ocasiones en que se los cruzaron.
Gritaron en la montaña rusa, y ella apretó su mano en cada bajada. Él la rodeó con su brazo, disimulando su propio miedo.
Rieron en la casa de los espejos, bromeaban con sus reflejos, ahora enanos, ahora muy largos, paticortos o redondos. Y juntos se perdieron en el laberinto, aunque juntos encontraron la salida.
En el pasaje del terror él fue el héroe de ella, un héroe cobarde, pero que supo protegerla. Ella se reía, pues no le daban miedo los actores.
En los coches de choque gritaron y rieron, y alcanzaron casi a tantos coches como fueron los que les alcanzaron a ellos.
En el tiovivo se entrelazaron las manos, y miraron juntos al horizonte desde lo más alto de la noria, y compartieron su primer beso en un fotomatón. Y ella lloró feliz durante los fuegos artificiales.
En el inevitable momento de la despedida, con una sonrisa, acordaron no darse los teléfonos. Si debían encontrarse, lo harían.
Aunque fuera al año siguiente, de nuevo en el parque de atracciones.
Y así se separaron.
Él, feliz, emocionado y lleno de una nueva ilusión, convencido de que volverían a verse.
Ella, feliz tras experimentar algo que creía fuera de su alcance. Y le vio irse con una sonrisa, a pesar de saber que no viviría para volver el año que viene al parque de atracciones…

¡Y bueno! Con algo de retraso, subo el re(la)to correspondiente a esta semana, con tema propuesto por mi amigo y compañero Chuck Draug, autor, de entre otras cosas, del webcómic Las paridas de la guarida (y sí, por “otras cosas me refiero a lo de MODOK ;p)
El amigo Charlie propuso como tema “parque de atracciones”, y, bueno, me ha salido esto…
En un cuarto de hora lo he hecho, señores, una semana sin sacar nada en claro, y saco eso durante una sentada sanitaria…
En fin, espero que les guste, y pronto en tuiter pediré otro tema…
¡Sed felices!

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Re(la)to 005: Éxito

septiembre 12, 2011

Todo estaba listo.

En la base en Tierra, los medios se encontraban especialmente excitados, tras el intenso seguimiento de los últimos meses, llenando horas y horas sobre las posibilidades del proyecto, repitiendo y resumiendo todo lo dicho desde que se hiciera público el Proyecto Saturno.

En la base en Luna, en cambio, el ambiente era mucho más silencioso. Sin embargo, el sonido de los aparatos, y de alguna ocasional transmisión, era incapaz de diluir la gran tensión que se respiraba.

– Aquí el Comandante Jameson – se escuchó a través de los altavoces -. Todo listo.

La nave flotaba a 300 kilómetros de la Base Luna, transmitiendo los avances del calmado piloto de nervios de acero que estaba llamado a ser el primer viajero del tiempo.

Durante los meses que Jameson se preparó física y mentalmente para su elevado destino, no vivió del todo ajeno al revuelo que se originó en el mundo exterior. Desde protestas de comunidades religiosas a manifestaciones de grupos conspiranoicos, nadie parecía querer quedarse al margen del evento que, sin duda, cambiaría la historia de la Humanidad.

– Recibido, Comandante – se escuchó a través de los transmisores -. Sesenta segundos para el salto.

Sobre la mesa en la que estaban reunidos los expertos del proyecto, autoridades militares y peces gordos del gobierno, la tensión era una losa de plomo sobre cada uno de los allí reunidos. Fuera un éxito o un fracaso, el auténtico problema residía en el hecho de que no se tenía claro qué pasaría.

La experiencia en el campo era totalmente nula, las pruebas, imposibles de realizar en otras circunstancias, el resultado, en cualquier caso, una incógnita.

Dos tampones de tinta esperaban el veredicto para estampar su sello sobre el informe final. Una de ellas, esperando en el centro de la mesa, tenía un invertido “Éxito” esperando a ser pintado sobre el informe final del proyecto. El otro, con el “Fracaso” espejado, yacía silencioso, a la sombra, fuera de la vista de todos, como sabiendo que muy mal tendría que ir la cosa para que estampase su condena sobre el papel.

– 30 segundos, comandante.

– Recibido.

Medio minuto para que la nave comenzara a moverse lentamente, fuera cogiendo velocidad hasta, si no sucumbía ante la presión, la gravedad o, simplemente, se volitizaba, alcanzar velocidades superiores a la luz.

A partir de ahí, con suerte, todo era simple teoría. Teorías, más bien, pues los científicos involucrados en el proyecto no eran capaces de formular una que no fuera rebatida por sus colegas.

Pero nada de eso preocupaba a Jameson. Él sólo quería la gloria.

– 15 segundos.

– Recibido.

15 segundos en el pasado era, precisamente, el tiempo al que viajaría Jameson. Si el gasto y el riesgo era tremendo para un viaje a 5 segundos, pensar en más de 15 era, sencillamente, impensable.

Pero eso era lo menos importante. Lo que verdaderamente llevaría al Proyecto Saturno a la gloria sería llevar a cabo el primer viaje en el tiempo. Un pequeño paso, como el primer vuelo de los hermanos Wright, que llegaba a su culmen en ese momento.

– 10 segundos, 9… 8… 7… 6… 5… 4… 3… 2… 1… Adelante.

Los motores de la nave Saturno empezaron a desplazar al vehículo lentamente.

El público en ambas salas, los medios de prensa, ocho mil millones de personas atentas a sus televisiones, ordenadores y dispositivos móviles al que sin duda sería un momento cumbre en la historia.

Y, de repente, el desastre.

Ante la mirada incrédula de ocho mil millones de espantados rostros, una masa de metal apareció de la nada, estrellándose contra la popa de la nave Saturno.

Los primeros gritos se ahogaron instantáneamente bajo la pesada losa del silencio…

Dos meses después se dio por concluida la investigación del accidente. Dos meses de pedir cabezas a los responsables, teorías, discusiones, lamentos y promesas de que volvería a intentarse. Dos meses duros.

El mundo fue testigo de cómo el cadáver de Jameson era rescatado… Dos veces. Dos Jamesons, dos naves Saturno. Una paradoja, y muchas horas de estudio por delante.

“Debieron haberlo previsto”, decían algunos. “¿Cómo podrían imaginar algo así?”, contestaban otros. Pero lo único cierto es que, una vez sucedido, todo se veía más predecible, más lógico, más estúpida la idea.

Sobre la mesa de todos los jefes de estado involucrados en el Proyecto Saturno, se recibió una copia del informe final sobre el Saturno 1.

Todos tenían estampados el mismo mensaje con tampón de caucho.

“Éxito”.

Pues ea, ahí va el quinto re(la)to. En esta ocasión ha sido Álvaro, dibujante de las cositas que le escribe mi amigo Dani de Castro, que me pidió, textualmente, putos viajes en el puto tiempo.

En un rato pediré tema para el nuevo, ¡¡así que atentos al tuiter!!

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Re(la)to 004: La carta

agosto 29, 2011

Hola, mi viejo amigo.
Sin duda te sorprenderá recibir esta carta, ya que hace tanto tiempo que, por lo que sea, nos hemos ido distanciando.
Cierto que ya nuestra relación no tiene nada que ver con lo que era al principio, pero eso no significa nada, ¿cierto? Muchos otros pasaron por tus manos, y tras un tiempo, los acabaste desechando antes o después, pero, aunque ya no me prestaras la misma atención, siempre me tuviste al alcance de tu mano.
Cierto es también que a veces volvíamos a aquellos tiempos de nuestros comienzos. Juntos entramos en este mundo con emoción y algo de miedo. El miedo a no ser lo suficientemente bueno era lo que en un principio te mantuvo alejado de tu sueño. Y no puedes imaginar lo orgulloso que me siento de que, conmigo, finalmente te atrevieras a dar el paso y convertirte en lo que eres hoy.
Un orgullo sólo comparable a la alegría que me suponía aquel momento, cada cierto tiempo (más espaciado en cada ocasión) en el que volvías a mí y juntos recorríamos esos caminos que te mostré hace ya tantos años…
Pero ya no puedo hacerlo más.
Ya no soy el que era, y hace ya tiempo que nada puedo hacer por ti. Así que esto es el adiós. No prolonguemos más lo que es inevitable.
Esta carta es una despedida. Cuando la leas, yo ya no estaré. Pero no voy a estar triste, y tú tampoco lo estarás. No quiero que lo estés. Hemos sido felices, hemos sido grandes. Tú eres ahora grande, y yo no soy más que un agradecido recuerdo de tu pasado. No me olvides, pero no me añores. Sabes que ya no te sirvo de nada, pues esta carta te la escribo con el último pelo de mi cabeza.

Con cariño,
tu primer pincel.

Heyyy… retomamos, tras tanto tiempo, la cosa esta del Re(la)to. La verdad es que me sabe mal haber dejado tanto tiempo sin contestar al desafío lanzado hace ya tanto tiempo por mis Entidades favoritas, pero aquí está lo que me pidió. Pero que conste que si no lo he hecho antes ha sido porque he estado liadérrimo en cosas que ya contaré en otra ocasión…
Y bueno, mañana os pediré, vía tuiter, tema para el próximo Re(la)to… ¡así que atentos!
No seais muy malos y tal…