Archive for the ‘Uncategorized’ Category

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Entrevista a Pedro de Matos

julio 6, 2016

¡Eh, hola, tengo esto, sí!
Algunos os estaréis preguntando (no) “Coño, Pedro” (Eso no es, técnicamente, una pregunta), “¿qué mierda has estado haciendo?”
Bueno, espero que esto os dé una pista…

be brilliant yeah!

-“Es parte de ti, de tus neuras, tus sueños y tus oscuridades” –

 ¿Que seria de un personaje sin una buena historia detrás? ¿Que haríamos sin las historias que cautivan? Hoy tenemos con nosotros a Pedro de Matos, guionista.

Antes de empezar, ¿te presentarías al público?

¡Hola, público! Soy Pedro de Matos, conocido también como Lograi por los internetes. Escritor, guionista y, accidentalmente, autor de cómics. Nací en Cádiz y escribo novela desde los 14 años, me he dado un par de golpes contra la industria editorial literaria y ahora, por esas cosas de la vida que te pillan por sorpresa, me veo haciendo tebeos.

¿Compartes con nosotros tu formación?

Soy principalmente autodidacta, pero tengo mucha suerte de tener cerca a gente con mucho talento y mayores conocimientos que no se cortan a la hora de decirme lo que hago mal. También hice un curso de verano en la…

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Re(la)to 014 – El crimen perfecto.

agosto 23, 2014

Los demás chavales de su clase no hablaban de otra cosa.

“Yo lo he visto”, decía Sergio. “Empieza a la una de la noche o más tarde”, aseguraba. “Y se ve de todo.”

Los demás escuchaban a Sergio fascinados.

“Unas tías buenísimas”, decía. “En pelotas, de todas clases, haciendo de todo, cosas que no sabía que se podían hacer. Con tíos o con otras tías.”

Todo aquello sonaba como lo más fascinante para una panda de mocosos de la edad de Sergio y sus compinches.

Por supuesto, la experiencia adquirida tras encender la tele de su cuarto durante esa noche de insomnio preadolescente y sintonizar uno de los nuevos canales locales, convirtió a Sergio automáticamente en la persona que más conocía el sexo entre sus compinches.

Era, inevitablemente, un héroe.

Todos querían ser como él, ser depositarios de su sabiduría y de la admiración que recibía.

Pero no Danielillo.

Él sólo quería ver eso tan fascinante que Sergio juraba haber visto, y más en ese momento en el que lo que pasaba bajo las ropas de sus compañeras de clase empezaba a ser más interesante que nunca, más misterioso, más decisivo, en su aún corta existencia.

Por eso, aquella fue la semana más larga en la vida de Danielillo. Se le hicieron interminables los días hasta la llegada del fin de semana, donde llevaría a cabo la primera parte de su plan.

Por eso, tuvo tiempo más que suficiente para pulir cada una de las aristas de su intriga casera.

En primer lugar, se aseguró de tener una cinta virgen preparada. Una de 240, por lo que pudiera pasar.

En segundo lugar, bajaría a leer un libro mientras su familia veía la tele la noche del siguiente sábado.

Asutamente, dejaría el libro despistado en el sofá mientras todos subían a prepararse para dormir.

Educadamente, dejaría que el resto de su familia pasara antes que él por el baño, de modo que fuera el último en irse a la cama.

Entonces se “daría cuenta” de que se dejó el libro abajo en el salón, por lo que tendría que bajar para seguir leyendo esperando al sueño.

Aprovecharía entonces para programar el vídeo, tarea para la cual se había preparado a conciencia durante cada rato que tuvo disponible, y lo hizo lo más rápido que pudo, llegando incluso a tener que sintonizar él el canal por su cuenta.

Entonces, esperaba, durante la noche, el vídeo se conectaría para grabar ese teatro de lujuria que Sergio, bastardo afortunado con tele propia en su cuarto, aseguraba que se emitía.

El despertador bajo su almohada le despertaría antes que a nadie, dándole tiempo a bajar, rescatar la cinta y, en silencio, regresar a su cuarto escaleras arriba y esconder la cinta en su habitación a la espera del momento de poder disfrutar de tan lúbrico espectáculo.

La primera parte de su plan, la más difícil, fue concluida a la mañana del domingo, y durante varios días la ansiedad creció en su pecho mientras esperaba a la tarde del miércoles, en la que se quedaría solo en casa durante horas suficientes para poder gozar de su captura.

Y llegó el momento.

Y si bien fue cierto que aquella tarde Danielillo aprendió muchas cosas que eran prácticamente inimaginables, también era verdad que se quedó bastante decepcionado por la total ausencia de esas mujeres que con tanta emoción describía el cabrón de Sergio…

Hutopo pidió “porno gay”. A ver qué le parece esto…

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Re(la)to 013 – ¿Llego tarde?

abril 9, 2014

-¿Llego tarde? – preguntó soberbio Ipso Facto, gran héroe de la ciudad.

Por toda respuesta, Ipso Facto sólo obtuvo la mirada enajenada de Behemot, la gran bestia destructora, el más peligroso villano del país. Sus ojos estaban cubiertos de sangre. De la sangre del alcalde, el presidente, la bella reportera Isabel Antúnez y cientos de ciudadanos inocentes.

En ese momento, Ipso Facto pensó que, tal vez, no debería haberse entretenido tanto tras salvar a esa preciosa joven que, al otro lado de la ciudad, fue atacada por un atracador de doce años armado con un destornillador.

-Mierda – dijo para sí -. La próxima vez, dos bofetadas y menos lecciones morales.

Y salió corriendo de allí.

 

– Willy Galleta pidió “¿Llego tarde?”. Y algo tarde parece que sí.

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Re(la)to 012 – Sucumbir

abril 3, 2014

Él era un gigante gaseoso reinando en su sistema, con su enorme corte de satélites.

Ella era una viajera de las estrellas, una aventurera, sin origen ni destino claros.

Él llevaba el nombre del padre de los dioses. El de ella no sería recordado.

Pero eso no importaba.

Ella viajaba por la inmensidad del espacio, libre, sin nada que la atara… hasta que la atrapó su monstruoso campo gravitatorio.

La atracción fue instantánea, y devastadora.

Olvidó su libertad, sus ansias de perderse en la inmensidad, por él.

Cambió su vida, cambió su futuro, sólo por caer sobre él, por unirse a él.

Sin él advertirlo, ella se abalanzó sobre su mole, incapaz, si lo hubiera querido, de rectificar.

Su cuerpo se sumergió en sus nubes, en sus tormentas, sólo para desaparecer, para ser olvidada, nunca conocida, y no dejar más testimonio de su existencia, salvo un nuevo lunar en la piel de su amado.

 

– Batto propuso “Sexo entre gordos y enanas” tras rectificar “gordas y enanos”.

El lío vino luego, viendo documentales de astronomía. Maldito seas, Batto…

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Re(la)to 010: Es raro

febrero 28, 2014

Es raro.

Pensaba que había cerrado la ventana, pero de pronto me he despertado helado.

Es verano, sí, pero a veces las noches son bastante frescas, así que suelo cerrar las ventanas cuando se oculta el sol.

Ultimamente estoy muy despistado.

Como el otro día. Me levanté para ir al trabajo y, al entrar al baño, vi que me había dejado la luz encendida. Pero, en cambio, cuando volví para darme una ducha, vi que la había apagado.

A veces, cuando salgo, tengo que comprobar unas cuantas veces que lo he dejado todo bien apagado y cerrado, pero no siempre me quedo tranquilo y no me calmo hasta que vuelvo a casa y compruebo que está todo como debería haberlo dejado.

Aunque no siempre es así.

A veces resulta que me dejo un armario abierto, el monitor encendido, o el bote de pasta de dientes sin tapar.

No es raro despertar por las mañanas comprobando que olvidé enchufar el cargador del móvil, a pesar de estar seguro de que lo dejé cargando.

Tal vez sea la soledad de este piso, acostumbrado como estaba al bullicio de la casa familiar, la que me tiene trastocado.

No, no estoy acostumbrado a estar solo.

Aunque, a veces, me da la impresión de que, estando en casa, tan solo no estoy. ¿No os pasa?

Supongo que eso no es tan raro… ¿verdad?

 

 

Dancha me propuso “duendecillos inquietantes escondidos en los rincones de la casa”, y eso es lo que ha salido…

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Re(la)to 009: La carga de la caballería

febrero 23, 2014

Tenía esto, entre una cosa y otra, totalmente olvidado…

Sepan vuesas mercedes disculparme…

 

-¡Adelante, mis valientes!

La voz del comandante se impuso sobre el estruendo que les inundaba.

Estaban nerviosos, aterrorizados. No sabían dónde se habían metido, pero sabían que no saldrían de allí con vida.

El estallido del látigo les dio la señal. Era hora de avanzar.

Y así los ponis empezaron a dar vueltas en su enterno carrusel.

-¡Mamá, mamá! ¡Caballitos!

-¡Quita, niña, que echan peste!

 

 

Hace algo más de un año pedí tema, y Willy Galleta propuso ponis.

Fijo que ni se acuerda de esto…

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El Zorro y la Avispa (V) (fanfic)

octubre 23, 2009

Pues nada… os dejo programada la última parte de esta cosa. Para cuando salga publicada, yo estaré en un avioncillo rumbo al Prat. Os he dejado cositas preparadas, así que… ¡no dejarme solo! 😛
Como siempre, os pongo los enlaces a la primera, segunda, tercera y cuarta partes.
Ea… portáos bien… ;P

¿Por qué tenía miedo Caroline?
Todo era tan confuso de repente… Todo estaba muy bien en la fiesta hacía escasamente unos minutos.
Había salido con Laurie y sus amigos raros, y, por alguna razón, Melvin se cruzó esa noche con ellos, y fue efusivamente invitado por Laurie. El muchacho, claro está, aceptó.
Durante toda la noche, Melvin y Caroline no se separaron apenas un minuto, y charlaban animadamente, descubriendo lo mucho que tenían en común.
Hasta que aparecieron esos cuatro gamberros.
Aparecieron sin avisar. Y atacaron sin provocación.
Empezaron a decirle borderíos a Laurie, pero ella, con su desparpajo habitual, hacía que sus burlas se volviesen en contra de los pandilleros. Más tarde empezaron con Caroline, y eso provocó la ira de Peyton. La excusa perfecta para empezar una pelea…
Ellos eran cuatro. Uno tendría unos trece años tan sólo, un niño guapo, que parecía el líder del grupo. Los otros tres, mayores y más agresivos, fueron los que se lanzaron contra el grupo.
Tras mucho intentar evitarlos, especialmente Laurie y sus amigos, finalmente, la provocación rebasó todos los límites.
Fue entonces cuando Forrest, el grandullón, y Walter, el gracioso del grupo, decidieron plantarles cara. Peyton, a pesar de las recomendaciones de Forrest de mantenerse al margen, quiso poner fin a la situación al igual que los demás.
Sin embargo, la extraña y absurda danza que parecían mantener los contendientes dejaba tanto a Caroline como a Peyton con la extraña sensación de estar en un retorcido sueño.
Y Peyton entró en ese baile, en esa lucha con armas imaginarias, como un juego de niños, en la que los contendientes llevan a cabo una justa blandiendo armas hechas con su imaginación.
Todo era absurdo.
Hasta que rodearon a Peyton. Y uno lo derribó con el puño.

Nisa abrió la boca para gritar. Pero nada salió de su garganta. Ardo luchaba fieramente, sin recibir el tacto del hierro frío, y soportando con entereza su cercanía.
Todo se desarrollaba con gran lentitud. Los arcos trazados por las hojas de las armas cortaban el aire con la parsimonia de un macabro baile de acero. Los guerreros eran fieros y valientes, pero sólo uno saldría vivo.
Nisa miraba la escena aterrada, ignorante de la batalla que se desarrollaba a su alrededor.
Inspiró profundamente, los llorosos ojos inundando su bronceado rostro, abrió los labios, y un desgarrador alarido rompió el cielo cuando Peyton clavó la rodilla en el suelo.
Un golpe en la espalda le derribó, y la Fantasía arrancó su corazón de hada de las profundidades del olvido a la superficie de su cuerpo mortal.
Una explosión de luz y color, de música y fragancias antiguas como los bosques sacaron a Nisa de su letargo al ver aparecer, en el muchacho que caía, a su amado Ardo ap Fiona.
Antes de perder totalmente el equilibrio, el joven guerrero rodó sobre su hombro y, sacando la espada de su vaina, surcó el aire hasta la cabeza del monstruoso redcap que a punto estuvo de tragar su último salivazo.
Pero el Aguijón detuvo el golpe.
– Así no, amor mío – dijo Nisa, con una enamorada sonrisa.
Y su codo se incrustó en el rostro del redcap.
– ¡¡Vale, vale!! ¡Ya está bien!
Todos se detuvieron al escuchar la aniñada voz.
El joven líder del grupo de matones estaba de pie sobre un banco. Pero el banco era ahora de rojo cuero, remachado por pequeños trozos de metal negro, reflejo de las aventuras amorosas que sobre él tuvieron lugar.
– ¿Luca?
El redcap se tambaleaba con la nariz sangrante, ayudado por sus dos compinches. Hizo un intento de abalanzarse contra Nisa, pero un gesto de la mano del niño bastó para que el fiero guerrero se detuviese.
La altiva Nisa, enfundada en su blanca armadura, miraba con sus ojos dorados a sus viejos amigos. Ardo vestía su viejo chaquetón de cuero negro sin mangas sobre la plateada cota de anillos. Él también la miró. Llevaba su salvaje pelo castaño purpúreo bailando a la brisa, sus osados ojos se preguntaban por qué se encontraban en ese mundo. Hacía sólo el tiempo de un suspiro se encontraban luchando por los plebeyos, y ahora estaban en ese mundo extraño.
Pero había algo más. Había tenido otra vida. Diecisiete años al lado de una amantísima familia que la vieron crecer sana y alegre. ¿Qué era verdad y qué un raro sueño?
Nisa enfundó el Aguijón, su larga y delgada espada, y se colgó el escudo a la espalda, mientras Ardo enfundaba su acero a la cintura. Era tal y como lo había recordado. Alto y hermoso, con su osada sonrisa en los labios, los ojos como el metal fundido y los cabellos como una roja y oscura llama. Era como el vuelo de un águila: salvaje y majestuoso.
– Ardo, mi amor…
Tal y como lo recordaba. Pero sólo hacía unos segundos. Diecisiete años. Varios siglos…
– Nisa, Luz mía.
Ardo fue a dar un paso al frente cuando el ruiseñor se posó silencioso en el hombro de Nisa.
El mundo se congeló de repente.
El pájaro quimérico miraba silencioso al guerrero, y todos parecían imitarle.
– Un ruiseñor… – susurró Luca -. Un silencioso ruiseñor…
El pájaro permanecía inmóvil y callado sobre el hombro de Nisa, que miraba aterrorizada el confuso rostro de Ardo.
¿Por qué, después de tanto tiempo, el Dán les castigaba con semejante terror para ensombrecer su reencuentro?
– Luz mía…
– Ardo…
– Siempre sospeché que había algo más entre vosotros – dijo el joven Luca entre sorprendido y entristecido -. Pero nunca imaginé que hubieseis realizado el Juramento de los Corazones Sinceros -. Dirigió la mirada a Nisa -. Y mucho menos que fueses tú quien lo rompiese. ¿Qué puede la Bella Furia haber hecho en estos…?
– ¡Calla, Luca! – ordenó Ardo.
Una vez más, las tímidas lágrimas de Nisa luchaban por salir a la luz de la noche.
– Ardo, no sé…
– No, Nisa, no hables.
El temor volvía a aflorar en el pecho de Nisa.
– Ardo, yo…
– Todo tiene que tener una explicación – se dijo Ardo.
– Nuestra gente no tiene explicación – dijo uno de los redcaps amigos de Luca -. Y tampoco busca explicaciones.
– Esto sí, maldito saco de mierda – escupió Ardo atemorizando al redcap con su fiera mirada, que se volvió tierna al buscar la de Nisa, fija entonces en el suelo.
– Yo te amo, Ardo – dijo ella -. Siempre te he amado, desde que entraste en la sala de Lady Fiona como si fueses el rey del lugar, sonriendo a todos como si fuesen tus amigos, siendo como eran la corte de nuestra señora.
Las lágrimas asomaron al mirar a Ardo.
– Yo nunca haría nada que te hiciese mal.
– Lo sé – dijo Ardo -. Es por eso por lo que este pájaro no tiene lugar fuera de nuestros ojos. ¡Nadie más debería verlo, y sólo nosotros deberíamos oír su canto!
– ¿Qué pasó aquel día en la colina? – preguntó Luca, más para sí que para los demás.
Ardo y Nisa buscaban también recuerdos en sus memorias. Los de Nisa se remontaban hasta una mañana de primavera en la que una niña que apenas se tenía en pie sostenía una espada de madera, regalo de su hermano mayor. Pero los de Ardo iban quizás más allá.
Eran los recuerdos de una sanguinolenta y chillona forma que salía del vientre de una reina y se posaba en las manos de un gran rey. Los labios del padre que se posaron en la frente del hijo, susurrando palabras de esperanza ante un reino amenazado por malvados y temidos enemigos del Glamore y las hadas.
El resto de su vida careció de importancia, hasta que en la corte de su gran y amada reina vio la Luz de sus ojos, Nisa, la más bella y osada entre los jóvenes caballeros de Fiona. Para cuando sus miradas se cruzaron, ya sabían que quedarían unidos para el resto de sus vidas.
Y más allá.
Su amor era puro, auténtico, bello…
Y ahora estaba roto.
Hared entró al Paso, y Ardo le siguió…
Nisa gritó su nombre y corrió tras él…
Pero olvidaron Arcadia. Allí estaba su respuesta.
– Tiene que tener una explicación – repitió Ardo.
Nisa miraba al suelo, rígida e inmóvil.
– Nisa – la llamó una voz que reconoció como la de Laurie.
Por primera vez desde que el mundo se volviese terriblemente bello, Nisa recordó a sus amigos. Pero Laurie había cambiado. Donde dos hermosas piernas elevaban el bello cuerpo de su amiga, dos velludas patas de cabra sostenían el salvajemente hermoso y semidesnudo torso de la aún más bella Laurie.
Nisa miraba a su amiga entre maravillada y asustada, así como al resto del grupo, al que a duras penas reconocía.
Luego, volvió la mirada a Melvin. Ardo. Le miraba rígido con los brazos extendidos hacia ella.
– Nisa… -. Ardo avanzó un paso, presto a rodear con sus brazos a la fuente de su felicidad y de sus terrores.
Pero Nisa retrocedió, alejándose de él.
– No, Ardo – dijo -. Te he hecho algo. Algo que no puedo recordar.
Clavó a Ardo su mirada. Una mirada que él conocía, temía, y adoraba por encima de todas las cosas.
– Y no volveré a amarte hasta que sepa qué fue.
Ardo se sintió repentinamente hundido. Pero conocía a Nisa, y sabía que nada en absoluto la haría cambiar de idea.
Entre otras cosas, por eso la amaba tanto.
– Juntos buscaremos la respuesta a nuestra pregunta – dijo Ardo.
– No, amor mío, no – respondió Nisa apartando uno de los mechones castaño rojizos de la frente de Ardo -. Esta es una búsqueda que he de hacer sola.
– ¿Por qué? – preguntó Ardo buscando con sus manos la cintura de Nisa.
– Porque así ha de hacerse – contestó ella, apartándose -. Tal vez la respuesta no nos haga felices – dijo mirando a los ojos de Ardo -. Pero nos hará libres.
– Pues entonces yo también buscaré la respuesta – dijo Ardo.
– Sí, eso esperaba – sonrió Nisa -, pero no a mi lado – añadió triste.
Se alejó un paso de él, para después unir sus labios en un profundo beso.
– Sabes que te quiero – dijo él.
– Sí, lo sé – respondió Nisa -. Pero ahora tenemos que separarnos. Pronto nos veremos de nuevo.

Aquel lunes, Caroline se volvió a dormir en francés. Pero sus sueños fueron poco menos que pesadillas. Avanzaba junto a Laurie por el pasillo, donde se cruzó con Melvin.
– Hola – saludó él.
– Hola – saludó ella.
Caroline se dio cuenta entonces de que Laurie no estaba ya a su lado.
– ¿Cómo te va todo? – preguntó el muchacho.
– Normal, como todos los lunes – respondió Caroline -. ¿Y a ti?
– Igual.
Un incómodo silencio se formó entre los jóvenes.
– Bueno – dijo la chica -, me tengo que ir.
– Sí, ya – respondió Peyton -. Pues ya… nos veremos.
– Claro – añadió ella con una sonrisa.
Caroline pasó junto a Peyton rozando su hombro con el de él, que tuvo que hacer un gran esfuerzo para no tomar a la muchacha de la cintura y besarla lleno de pasión.
El caballero de pelo castaño rojizo y su terrible y bella compañera avanzaron por el pasillo en sentidos opuestos, alejándose en busca de una misma respuesta que ambos temían y ansiaban encontrar.
¿Cómo el gran amor entre ellos fue traicionado? ¿Qué pudo hacer Nisa ni Fiona para negar lo que más amaba?
“No puedo creer que haya roto el juramento que te hice, Ardo”, pensaba Nisa. “Pero conoceremos la respuesta. Sólo espero poder amarte de nuevo”.

San Fernando,
20 – IX – 2002

Sólo la amenaza a la vida de un amante puede aterrar a un Fiona,
y a menudo lo hace muy bien.

Changeling, el Ensueño, pag. 109